* Imagen generada por Microsoft Copilot.
Confieso que también soy amante de lo que siempre se ha llamado popularmente las “novelas del oeste”. Recuerdo a mi abuelo y a mi padre leyendo a Marcial Lafuente Estefanía, novelas que se intercambiaban en los quioscos de la época por poco dinero y que fueron el motor principal de su éxito durante décadas. En la actualidad, la editorial Valdemar y su colección “Frontera” son un verdadero lujo para los que disfrutamos de este género.
“Lonesome Dove” (Paloma solitaria) forma parte de la tetralogía: Saga Lonesome Dove, escrita por Larry McMurtry. El orden de publicación es distinto del orden cronológico interno de la historia, ya que McMurtry escribió primero la obra central (Paloma solitaria), y luego fue construyendo el pasado y el futuro de sus personajes.
El orden de publicación es el siguiente:
Lonesome Dove (Paloma solitaria) (1985)
Las calles de Laredo (1993) (Pendiente de publicación)
La jornada del muerto (1995)
Luna Comanche (1997)
Y este es el orden cronológico interno que sigue la vida de Gus McCrae y Woodrow Call desde su juventud hasta la vejez:
La jornada del muerto (1995). La juventud de Gus y Call como
rangers novatos y el descubrimiento del Oeste.
Luna Comanche (1997). Los años de madurez como
rangers y un Oeste que empieza a cambiar.
Lonesome Dove (Paloma solitaria) (1985). La gran novela central donde se
alcanza el corazón emocional.
Las calles de Laredo (1993). (Pendiente de publicación) El
cierre con un Oeste que se desvanece.
De todas formas, se pueden leer sin seguir ningún orden, y esa es una de las virtudes de la saga. Cada novela está construida para sostenerse sola, con su propio arco emocional y su propio tono. McMurtry no escribió una serie tradicional, sino un conjunto de historias que dialogan entre sí sin depender unas de otras. No hay un orden obligatorio, solo distintas maneras de entrar en el mismo universo.
“Lonesome Dove” (Paloma solitaria) en sus primeras páginas he tenido la sensación de leer uno esos libros en los que uno piensa que está delante de “un buen western” para terminar descubriendo que había entrado en una novela enorme, de las que se quedan en la memoria durante semanas. No hace falta ser experto en el género: basta con dejarse llevar por ese ritmo lento, polvoriento, que Larry McMurtry maneja con una naturalidad que parece cosa de magia.
La historia arranca en un pueblo de Texas, Lonesome Dove, donde dos viejos rangers, Gus McCrae y Woodrow Call, viven su día a día entre bromas y largos silencios, hasta que de pronto, como pasa en la vida real, una idea absurda se convierte en su sino: conducir el ganado hasta Montana. Un viaje que no sólo se convertirá en aventura, sino también en la manera en que McMurtry me introduce en ese mundo, con sus días interminables, sus noches a la intemperie llenas de peligro y con esa sensación de que cada personaje tiene una vida completa detrás.
Lo que más me sorprende es cómo la novela combina humor, tragedia y ternura sin forzar nada. Gus es un personaje que uno querría tener de amigo: pícaro, vital y siempre con esa frase que te descoloca. Call, en cambio, es el hombre que vive para el deber, incapaz de decir lo que siente. Y entre ambos se forma una especie de familia improvisada que, a medida que avanza por la llanura, nos deja una historia profundamente emotiva.
Hay momentos duros, pero no son gratuitos. McMurtry escribe con una claridad que no necesita adornos: muestra el Oeste sin romanticismos, con su violencia, su belleza y su absurdo. Y, aun así, la novela tiene algo profundamente humano, como si cada página recordara que la vida es un viaje largo donde uno sobrevive como puede.
Larry McMurtry escribe con una claridad que te despista; parece que escribe sin profundidad, de manera sencilla, pero en cada página hay una precisión emocional que solo se consigue con oficio. Su estilo es directo, como si estuviera escuchando a un vecino contar una historia larga mientras cae la tarde en el porche de la casa, con el fresco de la noche y la mirada al cielo. No busca florituras ni frases solemnes; su fuerza está en la naturalidad, en esa manera de narrar que deja que los personajes respiren y que el paisaje se convierta en una presencia silenciosa.
Lo que más me llama la atención es cómo combina el humor y la melancolía. Gus hace comentarios que alivian la dureza del viaje, mientras que Call se hunde en su propio silencio, y McMurtry deja que esas tensiones se expresen por sí solas, sin destacarlas. Su prosa es de ritmo pausado que permite que cada escena se asiente, y cuando llega la tragedia, la cuenta con una sobriedad que duele más precisamente porque no la dramatiza.
“Lonesome Dove” (Paloma solitaria) es una novela que he leído
con mucha emoción y con la agradable sensación de estar viviendo algo grande. Es
épica sin presumir, tierna sin saturar y divertida sin perder profundidad. Al
terminarlo, me ha dejado mirando un rato al vacío, como si regresara de un
viaje que no esperaba que fuera tan importante.
Autor: Larry McMurtry
Traductora: Rosa S. de Naveira
Edición: 2024
Páginas: 1136
