*Imagen generada por Microsoft Copilot.
* Isaac Asimov fue escritor y miembro de Mensa que se dio a conocer con su famosa trilogía de “La Fundación”, Está considerado uno de los grandes arquitectos de la ciencia ficción moderna, capaz de unir el rigor científico, imaginación y divulgación.
Nació en
1920 en Petróvichi (Rusia Soviética) y emigró a Estados Unidos con tres años; se
doctoró en química (1948) en la Universidad de Columbia y terminó siendo
profesor de Bioquímica en Boston University. Escribió más
de 500 libros de ciencia ficción, divulgación científica, ensayo histórico,
misterio y literatura juvenil.
Con su antología “Yo,
Robot”, introduce las Tres Leyes de la Robótica, uno de los conceptos éticos
más influyentes del siglo XX, que cambió para siempre la forma de imaginar los robots.
Estas leyes formuladas en 1940 establecen un marco ético que ha influido en la
ingeniería, la filosofía y la cultura popular.
1. Un robot no puede dañar a un ser humano ni permitir, por inacción, que un ser humano sufra daño.
2. Debe obedecer las órdenes humanas, salvo que entren en conflicto con la Primera Ley.
3. Debe proteger su propia existencia, salvo que entre en conflicto con las dos anteriores.
En los años 80, Asimov fusionó
sus tres grandes ciclos, Robots, Imperio Galáctico y Fundación, en una única
cronología futura, creando uno de los universos narrativos más extensos y
coherentes de la ciencia ficción.
* (Extraído de internet)
El hombre bicentenario (The
Bicentennial Man, 1976) es un cuento corto de Isaac Asimov premiado con el “Hugo”
en 1977, “Nébula” en 1976, otorgado por la SFWA, y el “Locus” en 1977, otorgado
por la revista estadounidense “Locus Magazine”, y está considerado un clásico
de la ciencia ficción. En 1992, Robert Silverberg lo amplía en una novela “The
Positronic Man”, con más detalles, personajes y desarrollo emocional,
manteniendo la estructura de Asimov.
El libro nos cuenta la
historia de Andrew Martin, un robot doméstico que ha sido dotado de un cerebro
positrónico pero que, por una anomalía en su construcción, posee la cualidad de
tener consciencia, lo que provoca su intención de convertirse en humano, pero no
solo en apariencia, también en derechos y libertades.
Andrew desarrolla técnicas
avanzadas con protésicos que permiten mejorar su apariencia humana creando órganos
internos artificiales que le permite comer como los humanos o mecanismos que
generan la sensación de hambre o el deseo sexual, avances que son adoptados
posteriormente para la mejora de la salud de las personas.
Esto permite a Andrew
obtener unos enormes beneficios con los que comprar su libertad, convirtiéndose
así, en el único robot libre y con apariencia de ser humano.
“El Hombre bicentenario” me
ha parecido uno de los relatos más emotivos, simbólicos y filosóficos de Asimov
en el que afianza el deseo de identidad y el de ser reconocido. Se lee relajado,
sin prisas y a pesar de que no es una constante en el autor, en este cuento no
ha empleado grandes tecnicismos.
Lo que sí hace, es dejar en
el aire una cuestión muy interesante como la de: ¿qué nos hace humanos, la
biología, la conciencia o la capacidad de elegir? Y lo plantea con ternura y rigor,
Andrew responde a esta cuestión convirtiéndose en un personaje inolvidable y tan
frágil como el ser humano.
He disfrutado mucho de su lectura.
Aporta valores como bondad, amistad y amor que pueden llegar a surgir en un
robot al que se dota de conciencia.
“El
hombre bicentenario” (Bicentennial Man) fue llevado al cine en 1999,
protagonizado por
Robin Williams y dirigido por Chris Columbus, película, que también vi
en su momento. El film, rebaja el tono filosófico y amplia el sentimental.
Andrew es más humano y familiar. El cuento es más conceptual y centrado en la
evolución legal y moral del robot.
