Las estrellas en la roca (The Starts Bellow) de Úrsula K. Le Guin es un cuento
publicado en 1974 en Estados Unidos en el número 14 de la revista Orbit.
Es un relato
corto que retrata un mundo distópico donde el conocimiento científico es
perseguido bajo un régimen político que podría asemejarse al que ofrece la
película "Metrópolis".
La casa del astrónomo Guennar, acusado de
hereje, es quemada junto con su gran telescopio y el resto de sus aparatos
tecnológicos fabricados por él, que le permiten observar el Universo y publicar
posteriormente sus descubrimientos y observaciones; el astrónomo logra salvar su
vida al permanecer en el sótano de la casa justo cuando tiene lugar el incendio.
El conde de la localidad, Bord, que siente una
gran admiración por Guennar, acude rápidamente a la casa pero solo encuentra
ruinas y logra encontrarlo en un estado de desorientación por los efectos provocados
por el humo.
Para evitar que sea capturado, lo pone a salvo
llevándolo a una vieja y oscura mina proporcionándole velas, comida y agua.
Al poco, Guennar es descubierto por los propios
mineros que lejos de delatarlo, le prestan ayuda y le proporciona comida para
que siga oculto.
Con el paso de los días, el astrónomo comienza a
colaborar con los mineros cuya misión es la búsqueda de plata y de la que
dependía su economía familiar, amenazada por la dificultad de encontrar nuevos
yacimientos tras largos años de extracción, pero Guennar, aplicando sus
conocimientos sobre la fabricación de telescopios y el pulido de lentes,
construye un aparato que le va a permitir la observación en las rocas de
pequeños puntos luminosos, como estrellas, que pondrá a salvo la supervivencia
económica de estos mineros y sus familias.
El libro es uno de esos relatos
que explican por qué Úrsula K. Le Guin era mucho más que una escritora de
ciencia ficción; partiendo de una sencilla premisa, es capaz de reflexionar
sobre el conocimiento y la capacidad del ser humano que es capaz de encontrar una
salida en los momentos más inesperados.
Lo que más me ha gustado del relato es
la capacidad de la autora para representar los hechos y cargarlos de
simbolismo, como cuando ponen las miradas en el cielo para terminar
descubriendo otras "estrellas" en las profundidades de la roca; es
decir, aquello que parecía estar fuera de nuestro alcance, la autora encuentra su
equivalente más cercano donde ciencia y esfuerzo físico dejan de ser opuestos
para convertirse en dos formas distintas de admirar la belleza del universo.
Al leerlo siento como Le Guin defiende
el conocimiento frente a la ignorancia, sin embargo, evita en todo momento tratar
de convencernos limitándose solo a sugerirnos lo que convierte al relato en una
experiencia más emocional que ideológica.
Las cualidades de la obra son
prácticamente las mismas que utiliza Le Guin en otros de sus libros, como por
ejemplo “La mano izquierda de la oscuridad” o “Los desposeídos”, y es la de
darle a la ciencia ficción categoría de alta literatura, pero transformando la
tecnología en un experimento sociológico y filosófico.
Después de terminarlo, la historia
sigue creciendo en mi memoria con su simbolismo: la idea de que las estrellas
pueden encontrarse tanto sobre nuestras cabezas como bajo nuestros pies.
En definitiva, se trata de un relato
breve, elegante y profundamente humanista, una pequeña joya que demuestra cómo
la buena ciencia ficción no siempre habla del futuro, también puede hacerlo
sobre la condición humana.
