02 octubre, 2026

«Las estrellas en la roca» de Úrsula K. Le Guin


 

Las estrellas en la roca (The Starts Bellow) de Úrsula K. Le Guin es un cuento publicado en 1974 en Estados Unidos en el número 14 de la revista Orbit.

Es un relato corto que retrata un mundo distópico donde el conocimiento científico es perseguido bajo un régimen político que podría asemejarse al que ofrece la película "Metrópolis".

La casa del astrónomo Guennar, acusado de hereje, es quemada junto con su gran telescopio y el resto de sus aparatos tecnológicos fabricados por él, que le permiten observar el Universo y publicar posteriormente sus descubrimientos y observaciones; el astrónomo logra salvar su vida al permanecer en el sótano de la casa justo cuando tiene lugar el incendio.

El conde de la localidad, Bord, que siente una gran admiración por Guennar, acude rápidamente a la casa pero solo encuentra ruinas y logra encontrarlo en un estado de desorientación por los efectos provocados por el humo.

Para evitar que sea capturado, lo pone a salvo llevándolo a una vieja y oscura mina proporcionándole velas, comida y agua.

Al poco, Guennar es descubierto por los propios mineros que lejos de delatarlo, le prestan ayuda y le proporciona comida para que siga oculto.

Con el paso de los días, el astrónomo comienza a colaborar con los mineros cuya misión es la búsqueda de plata y de la que dependía su economía familiar, amenazada por la dificultad de encontrar nuevos yacimientos tras largos años de extracción, pero Guennar, aplicando sus conocimientos sobre la fabricación de telescopios y el pulido de lentes, construye un aparato que le va a permitir la observación en las rocas de pequeños puntos luminosos, como estrellas, que pondrá a salvo la supervivencia económica de estos mineros y sus familias.

El libro es uno de esos relatos que explican por qué Úrsula K. Le Guin era mucho más que una escritora de ciencia ficción; partiendo de una sencilla premisa, es capaz de reflexionar sobre el conocimiento y la capacidad del ser humano que es capaz de encontrar una salida en los momentos más inesperados.

Lo que más me ha gustado del relato es la capacidad de la autora para representar los hechos y cargarlos de simbolismo, como cuando ponen las miradas en el cielo para terminar descubriendo otras "estrellas" en las profundidades de la roca; es decir, aquello que parecía estar fuera de nuestro alcance, la autora encuentra su equivalente más cercano donde ciencia y esfuerzo físico dejan de ser opuestos para convertirse en dos formas distintas de admirar la belleza del universo.

Al leerlo siento como Le Guin defiende el conocimiento frente a la ignorancia, sin embargo, evita en todo momento tratar de convencernos limitándose solo a sugerirnos lo que convierte al relato en una experiencia más emocional que ideológica.

Las cualidades de la obra son prácticamente las mismas que utiliza Le Guin en otros de sus libros, como por ejemplo “La mano izquierda de la oscuridad” o “Los desposeídos”, y es la de darle a la ciencia ficción categoría de alta literatura, pero transformando la tecnología en un experimento sociológico y filosófico.

Después de terminarlo, la historia sigue creciendo en mi memoria con su simbolismo: la idea de que las estrellas pueden encontrarse tanto sobre nuestras cabezas como bajo nuestros pies.

En definitiva, se trata de un relato breve, elegante y profundamente humanista, una pequeña joya que demuestra cómo la buena ciencia ficción no siempre habla del futuro, también puede hacerlo sobre la condición humana.