13 agosto, 2026

«La muerte de Iván Ilich» de León Tolstói


 *Imagen generada con Microsoft Copilot


La muerte de Iván Ilich de León Tolstói 

Estamos ante un escritor que es considerado el alma de Rusia, Ya su título es delatador, porque sabemos que Iván Ilich va a morir. Este cuento narra la historia de un juez que vivía en Moscú y la relación que mantiene con su esposa Praskovya Fyodorovna, a quien no soporta porque desprecia su trabajo y en lo más profundo de su ser, piensa que ella es quién le ha empujado a desempeñarlo, porque le daría el prestigio social que ella anhelaba. Iván Ilich está furioso y enfadado por ello. 

Cuando Iván Ilich está en su lecho de muerte, su hijo le coge y besa su mano. Ante la atenta mirada de su esposa, la misma mujer a la que él había despreciado tanto en los últimos años de su vida; la mira a los ojos y llega a una de las conclusiones más trágicas y devastadoras a la que puede llegar el ser humano: lamenta que tal vez toda su vida haya sido un gran error, y dice: 

“¿Y si toda mi vida, mi vida consciente, ha sido de hecho lo que no debía ser?” 

Y luego, muere. 

En este cuento, Tolstói nos lleva a una profunda reflexión sobre el ser humano y a su comportamiento, en especial el de sus semejantes, y de cómo el interés y el egoísmo puede llegar a convertirnos en seres despreciable, carentes de toda empatía, generosidad, y entrega hacia los demás. Nos muestra cómo podemos desviar el curso de nuestras vidas aceptando los convencionalismos y alejándonos de la naturaleza del hombre, creando un mundo falso y ficticio a nuestro alrededor. Al final de nuestra existencia, cuando reflexionamos sobre lo que ha sido nuestra vida, podemos llegar a concluir que todo puede haber sido un error: que no hicimos o actuamos consecuentemente con nuestras creencias y sentimientos, creando una falsa vida basada en la hipocresía social y las apariencias. 

El cuento tiene un constante trasfondo trágico y muchas pinceladas de hipocresía que se unen a la grosería, la falta de respeto y una pésima educación. Como cuando Pyotr Ivanovich comenta lo siguiente al enterarse del fallecimiento de Ilich: 

-- Y qué, ¿ha dejado algún capital?

-- Al parecer su mujer tenía algo, pero sólo una cantidad ínfima.

-- Bueno, habrá que visitarla. Aunque ¡hay que ver lo lejos que viven! 

O en este párrafo acerca de su esposa, Praskovya Fyodorovna

“Empezó a compadecerse de sí misma; y cuanto más se compadecía, más odiaba a su marido. Empezó a desear que muriera, a la vez que no quería su muerte porque en tal caso cesaría su sueldo” 

Iván Ilich, está obsesionado durante todo el relato con la muerte y con cómo quienes le rodean no son capaces de percibir su tragedia, ni siquiera con los médicos que le atienden, ante la falta de un diagnóstico claro. 

Pero, en realidad, aunque Ilich culpa a su mujer del camino tomado a lo largo de su vida, que lo lleva a la trágica situación final, es igualmente responsable de muchas de sus decisiones. Ilich siempre se sintió atraído por la clase pudiente apropiándose incluso de su filosofía y modo de vida. En el capítulo III podemos leer: 

“Los deleites de su trabajo oficial eran deleites de la ambición; los deleites de su vida social eran deleites de la vanidad” 

El cuento que consta solo de 73 páginas que se leen pausadamente. León Tolstói escribe con un estilo altruista, realista y con una profunda crítica social; prodigiosa y nada rebuscada a pesar de que en la época donde se desarrolla, las descripciones de los escenarios y personajes pueden requerir de una prosa más sofisticada y florida, pero Tolstói logra relatarlo de una manera sencilla, asequible y eficaz, haciendo que me sienta cómodo y completamente inmerso en la historia, como si se tratara de un personaje más que presencia los acontecimientos. 

Tolstói recurre a menudo al francés, utilizando esta lengua como un acto de identidad, muy dado en los escritores rusos de la época para identificarse con la cultura occidental. Lo utilizaban como lengua vehicular o “lingua franca” en sus obras, tal era así que la intelectualidad rusa leía “El Quijote” preferentemente en francés. 

En “Guerra y Paz” se refleja este hecho en la aristocracia rusa, adoptando incluso costumbres galas como signo de distinción. 

La conclusión del mensaje que León Tolstói quiere transmitirnos es clara y contundente. El gran comunicador y escritor, Dr. Wayne Dyer lo define perfectamente al hablar de “La muerte de Iván Ilich”:

“No te mueras con la música dentro de ti”.

El libro incluye tres relatos cortos más:

- Los tres ermitaños
- Tres muertes
- El ahijado

Los tres ermitaños

Un relato extraño donde un arzobispo, que se encuentra a bordo de un barco que lo lleva al monasterio, tras pasear por cubierta, se acerca a un grupo de viajeros que están escuchando en torno a un mujik (en la literatura rusa, un hombre pobre) contar una historia acerca de un islote cercano donde viven tres ermitaños.
El arzobispo tras mucho insistir, manda a parar el barco y se acerca al islote en una barca para conocer a los tres ermitaños, al llegar, realizaban plegarias y miraban al cielo, éste, al observarlos, les comenta que no es la forma apropiada de hacerlo y les enseña a orar.
El final es sorprendente y el cuento se torna en un relato profundamente religioso con un claro mensaje acerca de la fe y de cómo la entendemos, un cuento que se aleja del estilo del propio Tolstoi pero que resulta muy interesante.


Tres muertes

Estamos de nuevo frente a otro cuento, también muy corto, que no aporta mucho y utiliza de nuevo la muerte como argumento común pero escrito prodigiosamente, Tolstoi es un maestro.
Estamos ante dos historias paralelas, la de una dama de la alta sociedad rusa y la de un pobre cochero, ambos, en el lecho de muerte y que lanza un claro mensaje, que dicha muerte nos iguala a todos independientemente de la condición social, pero éste mensaje llega aún más lejos diciendo que la muerte nos iguala también con la naturaleza, ya que la tercera muerte que aparece en el título de esta obra, es la muerte de un árbol que tras ser cortado, se convertirá en una cruz para la tumba del pobre cochero.

El ahijado

De los tres cuentos que cierran el libro, es éste el me más me ha gustado, Tolstói se aleja de su lenguaje preciso y descriptivo para narrarnos un cuento en forma de parábola. Un mujik pobre que tiene un hijo del que nadie quiere ser su padrino, marcha a buscarlo a otros pueblos, un caminante se ofrece y le comenta que acuda a un comerciante del pueblo y le diga que sea su hija la madrina.
Al cumplir los diez años, felicita a su madrina por la pascua pero no sabe dónde está su padrino y sale a buscarlo, cuando lo encuentra, éste lo recibe en su casa a condición de que no habrá la puerta de una de las habitaciones, con el tiempo el desobedece y provoca que la vida de su padre, su madre, su madrina y un delincuente se vean alteradas negativamente por lo que el padrino lo envía a redimir sus pecados.
La parábola se hace presente cuando tras muchas vicisitudes aprende que sólo cuando deja de preocuparse por sí mismo limpia su corazón, cuando deja de temer a la muerte, es cuando conmueve el corazón de los demás y al afianzar los hechos, hace que se afiance su vida en Dios.

 

Título: La muerte de Iván Ilich
Autor: León Tolstói
Traductora: María Teresa Gallego Urrutia
Editorial: Plutón ediciones
Edición: 2017
Páginas:
128