02 agosto, 2026

«Después de Auschwitz» de Hilario J. Rodríguez


 

Hilario J, Rodríguez es filólogo y ha impartido clases de Lengua y Literatura en varios países de Europa y también en Estados Unidos; cuenta con varios premios en su haber como el de Poesía Jaime Gil de Biedma de la Asociación de Escritores Jóvenes, 1995 o al Mejor Crítico Cinematográfico durante la Semana de Cine de Terror de Cáceres, 2007.

Estoy ante un libro excepcional, aunque en realidad son varios libros en uno; el libro que ha provocado en mí la misma sensación que me produjeron «La pequeña librería de Stefan Zweig», de Francisco Uría y el «El Ruletista», de Mircea Cărtărescu, obras breves que se leen en una tarde, pero que te dejan una huella tan intensa que resulta imposible olvidarlas. Y más aún cuando aborda el tema de Auschwitz, porque por mucho que leas y creas que ya lo has “visto” todo, siempre descubres nuevos datos y detalles que te vuelven a sacudir.

«Después de Auschwitz» no es un ensayo académico ni un libro de historia; es una reflexión profunda sobre cómo percibimos el horror cuando ya no queda nadie que lo viviera para contarlo, escrita con una mezcla de lucidez y desasosiego.

Dice la contraportada que el libro quiere ser un recordatorio de todas las personas que puedes "ser" en el Museo del Holocausto de Washington D.C., pero también de aquellas cuyos rostros se han perdido en las páginas infames de la Historia, contra cuyo olvido siguen luchando algunas de las mejores películas del cine.

Al entrar al museo, te entregan un pasaporte cuya identidad es la de una víctima real del Holocausto. Es un documento en apariencia inocente y silencioso con el que, durante el recorrido, te planteas preguntas como esta: ¿Cómo fue la vida de esta persona, víctima del exterminio en Auschwitz? A partir de preguntas como esta, se abre siempre una grieta en la memoria.

Me gusta cómo Hilario escribe sobre el Holocausto y cómo lo traslada al cine; un cine que ha intentado representarlo en muchas ocasiones y que, por desgracia, siempre ha fracasado, aunque lo haya abordado con respeto.

Existen sufrimientos y realidades tan extremas que intentar recrearlos en una pantalla implica inevitablemente, falsearlos o restarles gravedad; hay cosas que no pueden ser mostradas sin ser traicionadas, porque el Holocausto es en esencia, "irrepresentable".

Estamos ante una obra que reflexiona y explora los hechos. Son reflexiones íntimas en las que aparecen libros como «Austerlitz» de W. G. Sebald, «Terezín»* de Daniel Blafuks o «Los hundidos y salvados» de Primo Levi, El autor dialoga con escritores como Jorge Semprún y con cineastas como Péter Forgács, y se adentra el cine con «Theresienstadt» (1944), de Kurt Gerron*** o «Shoah» (1985), de Claude Lanzmann. Pero no es un catálogo literario ni cinematográfico, sino del insistente planteamiento sobre si un texto o una imagen pueden sostener todo el peso de lo ocurrido.

*Terezín (en checo) conocido como el campo de concentración nazi de Theresienstadt.

** Falso documental de propaganda nazi.

*** Kurt Gerron, interno del campo, dirigió el film de manera forzada. Al término del rodaje fue enviado a Auschwitz junto con parte de su equipo, siendo todos ellos asesinados en las cámaras de gas.

Hilario escribe desde la emoción, pero sin sentimentalismo; desde la meditación, pero sin solemnidades. Es un libro que te acompaña sin estridencias y que no pretende convencernos de nada: solo quiere hacer preguntas. Eso sí, lo hace con un estilo inquietante y cercano que tiene algo de siniestro; una prosa limpia, precisa y sin adornos innecesarios en la que cada frase está construida para obligarnos a mirarla dos veces.

El libro no es una argumentación, tampoco una interpretación ni una explicación detallada del Holocausto, eso sería imposible, sino una forma de situarse frente a él con los ojos muy abiertos, atentamente, con humildad y con la conciencia de que recordar es un acto quebradizo, que puede doler, pero necesario.

«Después de Auschwitz» es un ensayo breve y perturbador, que convierte una visita a un museo en una reflexión sobre la memoria, la identidad y el poder dejando claro cuáles son sus límites. Su lectura abre una nueva ventana a una habitación oscura donde la luz se hace posible, sin niebla, en silencio y con muchas preguntas; un espacio de papel maravilloso que me ha hecho comprender lo que significó el final del Holocausto y la manera en que trascendió al mundo posteriormente.

CITAS POR CAPÍTULOS

Imágenes errantes: Tanto Blaufuks en Terezín, donde incluye una copia de «Der Fuhrer schenkt den Juden eine Stadt» virada a rojo y a cámara lenta (alterando así su pista de sonido), como Sebald en Austerlitz, donde describe la película como un terrorífico experimento para borrar la realidad de ciertas imágenes, buscan en los encuadres a dos personajes desvanecidos en la Historia con mayúsculas y que en vida pasaron por Theresienstadt.

La vida privada del Doctor Mabuse: Jorge Semprún, en un acto con motivo del 65 aniversario de la liberación del campo de concentración de Buchenwald, donde él estuvo preso durante varios meses, reconocía que dentro de poco los últimos testigos del Holocausto habrán muerto y se instaurará la Historia, y en adelante a las víctimas no las velarán los supervivientes sino una serie de personajes que confían la verdad de los hechos a la exactitud de las cifras y las fechas, al carácter pseudo científico y no al epistemológico de toda verdad.

Entrevista con Claude Lanzmann: Creo que Shoah me ayudó a entender qué era el cine desde un punto de vista físico y yo le enseñe al cien lo que era el Holocausto. Claude Lanzmann.

Entrevista con Jorge Semprún: No todos fueron asesinados; a muchos los sorprendió la inanición o la hipotermia o el miedo. Y algunos muertos sobrevivieron. Les costó sentirse a salvo aun después de que el campo fuera liberado.

Hijos sin padres: Parafraseando al matrimonio Straub, Huillet, la Historia siempre comienza demasiado pronto y a menudo se habla o se medita sobre ella demasiado tarde. Sin embargo, y a diferencia del genocidio armenio o la Guerra Civila española, el Holocausto judío refutó muy rápidamente el silencio poético decretado por Adorno en 1949, al decir en uno de sus ensayos que después de Auschwitz, escribir un poema es barbárico.

Todos mienten: Ahora que estamos metidos en materia, no estaría mal que pensásemos en nuestras risas mientras veíamos «Malditos bastardos (2009)» donde se revierte la Historia con mayúsculas, convirtiendo a los judíos en ángeles vengadores (muy a la americana y muy a lo Quentin Tarantino) y haciendo que Hitler y un buen número de oficiales alemanes se quemen vivos en el interior de un cine.

 Nosotros que fuimos tan felices: Después de cuarenta años de dictadura franquista, en los cuales la realidad del No-Do en las pantallas de los cines fue la mayor de las mentiras, España debería haber sido un terreno fértil para los DJs visuales, pero a lo máximo que se ha llegado aquí es a fabricar falsos documentales.

Entrevista con Péter Forgács: De igual forma que en el cine comercial se censura o autocensura, las películas familiares que tú utilizas también establecen su forma de censura al renunciar a la infidelidad, en ellas hay matrimonios, pero no divorcios, hay sonrisas, pero no lágrimas…

Todas las fiestas de mañana: Con sus revoluciones, guerras, golpes de estado, dictaduras y exterminios, el siglo XX se proyecta sobre nosotros como un siglo de imágenes de desaparecidos, de personajes de una novela de Patrick Modiano en la que la identidad es un territorio frágil e inestable.

Fuegos: También hay quienes dicen que fui maestro de Jesucristo, a quien enseñé a escribir todos los libros como si fueran uno solo, aunque eso yo lo hice con muchos niños y jóvenes, y cualquiera recuerda ahora mismo sus nombres o si uno de ellos fue al que luego llamaron Niño Dios. Hillel el Viejo.


Título: Después de Auschwitz
Autor: Hilario J. Rodríguez
Editorial: Silex Ediciones
Publicado: 2026
Páginas: 96