*Imagen generada por Microsoft Copilot.
“El Ruletista”, de Mircea Cartarescu, es una novela corta, 62 páginas en mi edición de Impedimenta que trae, por cierto, un marcador de páginas muy especial. Una obra que fue prohibida en Rumanía durante años por lo rotundo y directo de su argumento.
Tenemos a un narrador anónimo, un viejo escritor que, mientras se desahoga por su triste vida con su pluma, rememora sus años jóvenes y la admiración que sentía por “El Ruletista”, de quien dice, fue su amigo. Sus padres eran vecinos; incluso lo visitó en la cárcel. Era aficionado al juego del póquer con el que siempre perdía y que, tras dejarlo, se dio a la bebida.
El narrador, asistente asiduo a las sesiones de ruleta rusa como apostador, estuvo a punto de arruinarse en varias ocasiones, nos introduce en sus propias motivaciones, su soledad y su desencanto:
“[…] he querido contarlo todo sobre mí, absolutamente todo. Pero la ilusión ha sido más amarga si cabe, dado que la literatura no es el medio adecuado para decir algo real sobre uno mismo.”
En su desesperación, afirma:
“Querrías sacudir el corazón del lector, pero ¿qué hace él? A las tres terminas tu libro y a las cuatro empiezas con otro […]”
Al
mismo tiempo, nos describe a “El Ruletista” como una figura hosca, de rostro
triangular, pálido, delgado y de pelos rojizos, un ser que busca su propia
destrucción al mismo tiempo que trata de buscar un sentido a la vida, aunque la
desprecia, tanto como a la muerte, con absoluta indiferencia.
Es en su mundo, oscuro y lleno de enigmas, que decide participar en el juego mortal de la ruleta rusa, ante una audiencia clandestina y empapada de morbo, un personaje a quien la suerte nunca sonrió, pero que la encuentra en este peligroso juego haciendo fortuna.
Cartarescu nos lleva al interior de “El Ruletista” mostrando sus más íntimos pensamientos y su continua lucha interna que lo mantiene en la frontera entre el riesgo, su propia existencia y la muerte, en una profunda reflexión sobre el destino y la naturaleza del riesgo, de cómo la sociedad se siente atraída por lo macabro, participando como espectadora, ansiosa de beber en la tragedia de la ceremonia de la muerte.
La prosa de Mircea Cartarescu es intensa y poética, tal vez excesiva, aunque es verdad que la pone al servicio del narrador, en un ambiente grotesco que nos muestra lo irreal como algo cotidiano que podría llevarnos a definirlo como “realismo mágico” al más puro estilo de Rulfo, Fuentes o el propio García Márquez. Una metáfora de la condición humana y del deseo por encontrar en nuestra vida un significado a un mundo disparatado y turbio; esta es para mí la clave donde radica la esencia del relato, la lucha interna por encontrar nuestro lugar en el universo.
La novela de Mircea Cartarescu se sale de la narrativa tradicional, te impacta, es candidata a permanecer durante mucho tiempo en nuestra memoria, pero me ha provocado un fascinante interrogante ¿quién es realmente el protagonista? ¿No será “El Ruletista” una mera excusa?
La historia fascina y perturba, pero me hace dudar estrepitosamente sobre lo que es y lo que puede que no sea y me hace caer en un apasionante reto de deducción mental:
Dice el narrador en la página 57 de la edición de impedimenta:
“Lo he sabido desde el principio […] he ocultado mi juego, mi postura, mi apuesta, a tus miradas, Porque, finalmente, he apostado únicamente por la literatura”.
Al final de dicha página nos encontramos con esto:
“[…] hay un lugar en el mundo donde lo imposible es posible, se trata de la ficción, es decir, la literatura.”
En la página 58 remata:
“No tengo ninguna duda, “El Ruletista” es un personaje. Pero entonces yo también soy un personaje y aquí no puedo evitar mostrarme exultante de alegría […] aunque tengo ochenta años, no moriré nunca porque, de hecho, no he vivido nunca”.
La novela tiene el impecable estilo de Cartarescu, aunque utiliza en ocasiones un lenguaje poético complejo que me ha frenado el ritmo, no es algo que empañe para nada la lectura, pero deja de ser en ocasiones un “diálogo” homogéneo y su desenlace me ha producido una sensación ambigua, porque, en realidad nada es lo que parece ser, además, me ha parecido precipitado y carente de la fuerza y credibilidad que una obra del nivel de su autor se merece.
Volveré
a este autor con uno de mis pendientes y su novela “Solenoide” que al parecer también requiere de una lectura pausada y
relajada por su complejidad literaria, al menos para el humilde lector que les
escribe esta reseña.
Autor: Mircea Cartarescu
Traductora: Marian Ochoa de Eribe
Edición: 2010
Páginas: 62
