*Imagen generada con Microsoft Copilot.
Sin duda, una obra maestra, pero no soy
imparcial: Ray Bradbury es uno de mis autores favoritos y la ciencia ficción es
mi género preferido. Conocí a Bradbury a través de “Chicho” Ibáñez Serrador y
su espléndida serie de TV de los años 60, “Historias para no dormir” donde
realiza una adaptación de “El cohete” y la “La espera”.
Leer “Crónicas marcianas” es como
abrir una ventana a Marte, el mismo que el ser humano quiere visitar en los
próximos años, un proyecto que ya está sobre la mesa. Bradbury no escribe ciencia ficción en el sentido
técnico: escribe nostalgia, poesía, miedo, esperanza, y lo hace usando Marte
como espejo de nuestras grandezas y miserias. Cada crónica es un pedazo de
humanidad lanzado al espacio, y al final uno entiende que el planeta rojo es
solo el escenario donde se representa la obra más antigua del mundo: la
condición humana.
Aunque se presenta como un conjunto de
relatos, “Crónicas marcianas” funciona como una novela fragmentada que pueden
ser leídas de manera autónoma, aunque es el conjunto de ellas
quién da sentido a toda la obra: conquista y colonización del planeta Marte.
Bradbury se adelanta a su tiempo tal y como ya hicieran otros escritores como
Julio Verne.
Bradbury escribe con una sencillez
engañosa: parece fácil, pero cada frase escrita está llena de una gran carga
simbólica que, una vez terminado de leer el libro, queda resonando en nuestra
cabeza.
Aunque no deja de ser una historia de ciencia
ficción, el fondo de los hechos es universal: el comportamiento del ser humano,
la sociedad, la ambición y los sueños de conquista, aunque para ello todo
derive en la destrucción del medio ambiente, la guerra y de cómo somos capaces
de destruir una cultura y una civilización ya establecida, en este caso, de un planeta
habitado por sus seres originarios: los marcianos.
La gran capacidad de Bradbury siempre me provoca
esa sensación de estar sumergido en su historia y en este caso, de habitar en
el propio planeta rojo siendo cómplice de los acontecimientos que a lo largo de
los distintos relatos se van sucediendo donde se refleja las inseguridades del
ser humano, sus miedos, el papel de la religión y de cómo podemos seguir
cometiendo los mismos errores en el caso de poder contar con una segunda
oportunidad. La autodestrucción del hombre y su capacidad de generar guerras,
siempre está presente.
“Crónicas marcianas” es un libro que
se lee con la sensación de estar hojeando un álbum de fotografías de un mundo
que nunca existió, pero que podría haber sido. Bradbury no escribe sobre Marte:
escribe sobre nosotros, sobre lo que tememos, lo que deseamos y lo que
destruimos sin darnos cuenta.
Es un libro que invita a la reflexión
sin moralizar, que emociona sin tratar de manipular y que, pese a su tono
melancólico, deja una chispa de esperanza: la idea de que siempre podemos
empezar de nuevo, incluso en otro planeta.
En 1980, el libro fue llevado a la pequeña
pantalla en una miniserie de tres episodios protagonizados por Rock Hudson con
una extraordinaria banda sonora de Stanley Myers.
Destaco sus crónicas más importantes, desde
mi mirada más personal:
El verano del cohete
La primera crónica abre el libro con
una mezcla de maravilla y amenaza. Los cohetes despegan desde la Tierra. Bradbury
no describe tecnología: describe deseo, curiosidad y también huida. Desde el
principio se intuye que los humanos no viajan a Marte para conocerlo, sino para
escapar de sí mismos.
Ylla
Una de las crónicas más hermosas. Ylla
es una mujer marciana atrapada en un matrimonio frío y distante que sueña con
los hombres que vienen del espacio. Bradbury convierte la telepatía en metáfora
del anhelo, del deseo de algo distinto. Es un relato triste, delicado, casi
doméstico, que muestra que los marcianos son tan vulnerables como nosotros.
La tercera expedición
Aquí aparece el Bradbury más
inquietante. Los astronautas llegan a un Marte que parece idéntico a la Tierra,
al igual que sus pueblos, sus familiares muertos los reciben con abrazos. Todo
es perfecto… demasiado perfecto. La crónica es una advertencia sobre la nostalgia
como engaño y sobre cómo el pasado puede devorarnos si lo idealizamos.
Aunque siga brillando la
Luna
El exterminio de los marcianos. Una
crónica dura, casi seca, donde Bradbury muestra la capacidad humana para
destruir lo que no entiende. No hay heroísmo, solo torpeza y miedo. Es uno de
los momentos más oscuros del libro.
Los colonos
Marte se llena de gente que quieres
escapar de la guerra, algunos son matrimonios rotos que realizan trabajos que
no les llena. Bradbury retrata la colonización como una repetición de los
errores terrestres: llevamos nuestros fantasmas a donde vayamos.
Usher II
La crónica más gótica y más política. Un homenaje a Poe y una crítica feroz a la censura. Bradbury defiende la libertad creativa con un relato que mezcla terror, ironía y venganza literaria.
El marciano
Un ser capaz de adoptar la forma de
quien lo mira. Un relato sobre la soledad, el duelo y la necesidad humana de
recuperar lo perdido. Escrito con una ternura que duele.
Vendrán lluvias suaves
Tal vez, una de sus crónicas más
famosa. Una casa automática sigue funcionando después de que la humanidad haya
desaparecido. Es un canto a la fragilidad humana y la indiferencia del
universo. Bradbury logra que una casa vacía sea más conmovedora que cualquier
personaje.
Autor: Ray Bradbury
Traductora: Francisco Abelenda y Miguel Antón
Edición: 2021
Páginas: 345
