¿Quién se ha llevado mi queso? Es una divertida lectura con la que me topé sin querer pero que atrajo mi atención. Es un relato que como en la vida misma, los cambios y adversidades a los que nos enfrentamos a diario nos condicionan, nos hacen evolucionar, ser competitivos y cambian nuestra perspectiva e importancia de las cosas, una fábula, relatada como un cuento, pero entretenida y que me ha hecho reflexionar; es un canto a la adaptación en cualquier circunstancia, al cambio.
Es de esos libros que lees en una tarde y dejan huella, de fácil lectura; ¿Quién se ha llevado mi queso?" de Spencer Johnson no es un manual de psicología; es una fábula tan sencilla como potente que se puede leer en apenas una hora.
La historia nos lleva a un laberinto donde conviven cuatro personajes muy particulares: dos ratones (Fisgón y Escurridizo) y dos humanos diminutos (Hem y Haw). Todos los días recorren los pasillos del laberinto motivados por la búsqueda de un trozo de "queso", pero ocurre que un día, el enorme depósito de queso que los alimentaba desaparece por completo. La reacción de los personajes es un reflejo exacto de la naturaleza humana: mientras los ratones aceptan la realidad sin más y corren a buscar nuevas oportunidades, los humanos se quedan paralizados, protestando ante esta injusticia y esperan con testarudez a que el queso regrese mágicamente.
El
gran acierto de la obra es que utiliza elementos cotidianos como metáforas
universales. El queso representa todo aquello que nos da estabilidad o
felicidad (un trabajo, una relación, la salud o la paz mental), mientras que el
laberinto es el escenario en el que nos movemos (la rutina diaria, el mercado
laboral o la vida misma).
Al seguir a estos personajes en su viaje para vencer el miedo y adentrarse otra vez en lo desconocido nos obliga a mirarnos al espejo. Es imposible leer las frases que van pintando en las paredes del laberinto, como ¿Qué harías si no tuvieras miedo?, sin preguntarnos cómo reaccionaríamos nosotros ante los duros golpes de la vida.
Yo, personalmente recomiendo su lectura a pesar de que, al comenzarla, nos pueda resultar simple o predecible, pero es que su valor no está basado en la complejidad literaria, sino en la claridad de su mensaje. No necesita elementos superficiales para hacernos recordarnos lo que es a todas luces una verdad incómoda pero necesaria: el cambio es la única constante. Quejarse o buscar culpables no va a traer el queso de vuelta; la única opción para avanzar aprendiendo en el proceso a adaptarnos. Para mí, un libro imprescindible en cualquier momento de nuestras vidas.
Autor: Spencer Johnson
Traductor: José M. Pomares
Editorial: Empresa Activa
Publicado: 1999
Páginas: 112
