La edición que he leído de
“Cortázar y los libros” ha sido reeditada años después con un tercio más de
contenido y algo más de 30 nuevas imágenes, imágenes que muestran gran parte de
las dedicatorias que aparecen en sus libros, sus anotaciones o sus dibujos.
Este no es un libro al uso, tampoco es una
biografía de Julio Cortázar, pero se puede conocer y aprender de él mucho más
que en cualquier otro escrito sobre el gran escritor argentino, Marchamalo nos
acerca al Julio Cortázar más íntimo y cercano a través de su biblioteca.
El autor realiza un recorrido por la extensa
biblioteca (unos cuatro mil ejemplares) que Julio Cortázar tenía en su casa de
la Rue Martel de París, con un rincón de lectura y una mesita llena de lápices,
pipas, un cenicero y una bonita pirámide de cristal azul que compró en una
tienda de antigüedades cercana.
Tras su muerte. Aurora
Bernárdez, viuda de Julio, donó todos sus libros a la “Fundación Juan March” de
Madrid en 1994; el número de ejemplares podría haber sido mucho mayor si
contamos los libros que se dejó entre mudanzas y los que regaló.
Jesús realiza un verdadero trabajo detectivesco
sobre los libros de Julio Cortázar y, como el mismo indica, en algunas de sus
entrevistas, ha sido una labor de detective antiguo donde la mayoría de los
libros están leídos y releídos, con marcas de lápiz o bolígrafo azules, rojos o
negros, subrayados, con múltiples notas y comentarios en el propio texto, en
sus márgenes, corchetes, dice lo que piensa: ¡Bien!, ¡Bodrio! o ¡Falso!
Julio polemiza con los autores que leía y
establecía con ellos un diálogo de conformidad o discrepancia, incluso
realizaba dibujos. Señala Marchamalo que la novelista, ensayista, poeta y
traductora Marguerite de Yourcenar decía que los libros son la mejor manera de
conocer a una persona.
Más de quinientos libros de la biblioteca están
dedicados a Julio Cortázar por sus autores y entre ellos destaca el de Juan
Carlos Onetti por su elocuencia casi poética como señala Marchamalo, en
“Dejemos de hablar al viento” escribe con letra temblorosa:
“Para Julio Cortázar que abrió un boquete
respiratorio en la literatura, tan anciana la pobre. Con cariño no literario,
Onetti”
Una de las peculiaridades de Julio Cortázar es
que firmaba la mayoría de sus libros añadiendo lugar y fecha, incluso la hora,
en el capítulo cuatro “El lector caprichoso” se puede leer lo siguiente cuando
preparaba por encargo de Jaime Salinas, hijo del poeta, una selección de la
obra poética de su padre cuando viajaba por Alemania:
"Nüremberg. La admirable iglesia de San
Lorenzo, escribe en la página 206; y en la 209: Leído "en passant", a
las cuatro de la mañana".
Por cierto, la firma de Julio Cortázar
evolucionó con los años firmando como J. Florencio “Cortázar”, Julio Florencio,
Julio Denis, “Cortázar” a secas y Julio Cortázar o Julio C.
Con sólo nueve años leyó los cuentos de Edgar Allan
Poe a quien años más tarde, mientras vivía en Italia en 1953, traduciría sus
cuentos, contratado por Francisco Ayala que dirigía la editorial de la
Universidad de Puerto Rico y por el que cobró tres mil dólares de la época
siendo publicados en 1956.
De pequeño la afición de Julio Cortázar era tal
que su madre consultó sobre esto al director del colegio primero y al médico
después y le recomendaron que le prohibiera el acceso a los libros, años más
tarde Julio Cortázar escribiría: “...en aquel momento tuve la certeza que el
mundo estaba lleno de idiotas”.
Conocer la biblioteca de Julio Cortázar permite
sobre todo conocer sus hábitos, sus manías y los autores que tenía como Scott
Fitzgerald, Forster, Faulkner, Salinger, Hemingway, Lewis Carroll, Nabokov,
Calvino o los que no tenía como Tolstói o Camus, aunque sí tenía en inglés y
francés a Dostoievski, dentro de la literatura española no aparecen Delibes,
Ana María Matute, Cela o Umbral pero sí Alberti o Aleixandre.
Tenía grandes amistades del mundo literario de
la época, como la de Alejandra Pizarnik a quien llamaba “Alejandrísima”, el
matrimonio “Cortázar” (Aurora y Julio) conocieron a Alejandra en París y a
partir de entonces, se escribían continuas dedicatorias y notas donde se hacía
patente su amistad y confianza; desgraciadamente también se adivinaba el estado
emocional de Alejandra que hacía presagiar lo peor, Alejandra Pizarnik acabó
suicidándose en 1972.
Otros grandes literatos amigos de Julio Cortázar
fueron Octavio Paz, Pablo Neruda y Carlos Fuentes.
Un libro que no te deja indiferente y que tras su
lectura te acerca al gran escritor y mejor persona que fue Julio Cortázar y te
hace sentir a su lado en cada párrafo, un trabajo extraordinario de Jesús
Marchamalo, escritor y periodista.
Dejo los enlaces de la Fundación Juan March
donde es posible consultar la biblioteca de Julio Cortázar y la entrevista que
Joaquín Soler Serrano le realizó en el programa “A Fondo” en 1977:
La biblioteca de Julio Cortázar | “Fundación
Juan March”
www.march.es/es/fondo/biblioteca-julio-cortazar
Julio Cortázar – Entrevistado “A fondo” por
Joaquín Soler Serrano
www.youtube.com/watch?app=desktop&v=ppon2ldpJwU
