21 mayo, 2026

«Hielo» de Anna Kavan


 

Para entender un poco más esta novela, es necesario comenzar por conocer a su autora Anna Kavan.

Anna Kavan es una de las figuras más enigmáticas y trágicas de la literatura del siglo XX, su nombre real era Helen Emily Woods (Cannes, 1901).

Su vida fue un laberinto tan oscuro y fragmentado como las propias páginas de “Hielo”. Profundizar en su biografía ayuda a entender por qué escribía de esa forma tan espectral.

Su vida estuvo marcada por traumas severos y una infancia desoladora que moldearon su literatura.

Hija de una familia adinerada e imperturbable, sufrió de manera profunda el temprano suicidio de su padre. Su madre, en un acto cruel de desapego, le prohibió estudiar en Oxford y la forzó a casarse con un examante suyo.

Bajo su nombre de casada (Helen Ferguson) publicó seis novelas convencionales y tras un colapso mental severo en los años 30, decidió reinventarse; decidió teñirse el pelo para adoptar una estética más sofisticada y cambió legalmente su nombre por el de Anna Kavan (un personaje de sus propias novelas).

Kavan era adicta a la heroína, aunque ella no veía la droga como un camino a la autodestrucción, sino como la herramienta necesaria para soportar un mundo que le resultaba intolerable. Murió en 1968 un año después de publicar “Hielo”. (Fuente: Editorial Trotalibros y Wikipedia.)

“Hielo”, de Anna Kavan, es una de esas novelas que parecen escritas desde los sueños: una distopía helada y peculiar, porque es la mente del personaje la que convierte ese mundo en materia narrativa.

Conforme avanzo en la lectura, me encuentro con una sorpresa: la historia, lejos de ser convencional, no describe los hechos, sino que me invita a sumergirme en ellos, a vivirlos y a sentirlos; pasando a formar parte de ese mundo creado, un mundo inquietante y profundamente sugestivo.

La premisa es sencilla en apariencia, un mundo casi distópico que se congela, el hielo se expande de manera imparable por todo el mundo y no sabemos exactamente porqué, su autora no lo aclara, tal vez porque como el resto de los personajes, y el hielo es uno más, es una metáfora.

Una chica etérea, incapaz de defenderse a la que persiguen por paisajes devastados, joven, frágil y que huye constantemente.

Un narrador y un militar oscuro, el custodio, ambos obsesionados por la chica; el primero, una persona fría y obsesiva, persigue a la muchacha con una mezcla de deseo, necesidad y violencia; en ocasiones quiere salvarla y otras, dominarla, una contradicción deliberada y perturbadora; el segundo, el custodio, un militar autoritario que mantiene a la chica bajo su control.

Por último, está el hielo que, a pesar de su belleza no deja de ser una catástrofe y que se identifica con la purificación, la quietud y la muerte; ese hielo, omnipresente y amenazante, es alegoría de la depresión, la fragilidad y la adicción, que marcaron la vida de su autora.

Kavan no escribe para dar explicaciones, lo hace para que nos sumerjamos en su historia, avanzando como en un sueño que es fragmentario, circular y lleno de imágenes que se repiten y se deforman.

La novela juega deliberadamente con la indeterminación identitaria, de modo que el narrador y el custodio pueden leerse como dos personajes distintos o como dos manifestaciones de una misma figura masculina de poder y control. Kavan nunca lo aclara, y esa ambigüedad es parte esencial de la experiencia lectora.

No es una distopía al estilo “1984” de Orwell o “Un mundo feliz” de Huxley. No hay una lógica estable, ni un sistema político detallado, ni una trama lineal, lo que hay es un mundo blanco y quebrado, donde el hielo refleja el interior de los personajes.

El libro es un laberinto helado, conforme avanzo, retrocedo; me pierdo y vuelvo a encontrarme; pero no es impedimento para no disfrutar de su lectura con una escritura casi hipnótica. Kavan escribe imágenes que se quedan en mi memoria. Existe una constante indeterminación, nada es del todo real ni del todo simbólico y todo ello, rodeado de un clima emocional donde están presentes la ansiedad, la fragilidad, la obsesión y el miedo. Cada escena parece un cuadro surrealista.

Algunos pasajes se leen con dificultad, aunque se viven con intensidad. ¿Que cómo es posible esto? Pues, por su intenso clima y ambientación que me ha recordado en ocasiones a novelas como “Solaris”, y su clima psicológico o a “La carretera” y la desolación emocional.

No es una lectura fácil, lo reconozco, y si buscas una trama clara o una historia lineal, no lo vas a encontrar, pero sí quieres una experiencia literaria distinta, con una atmósfera densa, llena de simbolismo, de mundos distópicos no definidos y narradores poco fiables. En su estructura, y salvando mucho las distancias, me vuelve a recordar a otro libro: “Origami”, de Antonio San Lorenzo.

Si aceptas el reto de leerlo, encontrarás una novela poderosa, de esas que se leen más a flor de piel que con la cabeza. “Hielo” es una novela que no se parece a ninguna otra. Es breve, pero deja una huella larga. Su fuerza no está en lo que cuenta, sino en cómo lo cuenta: con una voz espectral, una imaginación desbordada y una sensibilidad que convierte el fin del mundo en un paisaje íntimo. 

Título: Hielo
Autor: Anna Kavan
Prólogo: José Carlos Rodrigo Breto
Traductora: Ainize Salaberri  
Editorial: Trotalibros
Publicado: 2023
Páginas: 216


No hay comentarios:

Publicar un comentario