Jonathan Swift comentó las dos Lunas de Marte en Los viajes de Gulliver en 1726 y Francois-Marie Arouet, conocido por su seudónimo Voltaire, lo hizo en 1752 con su relato filosófico‑satírico Micromegas. En 1877, muchos años después, fueron descubiertas por el astrónomo Asaph Hall utilizando el gran refractor del Observatorio Naval de Washington.
Los nombres de estos satélites naturales proceden de la mitología griega, y aparecen también dentro de la Ilíada, pero su origen es estrictamente mitológico: Fobos y Deimos son dioses griegos antes de ser personajes homéricos. En honor a ambos escritores, dos cráteres de Deimos llevan los nombres de estos dos escritores, Voltaire y Swift.
Si nos remontamos
al siglo XVII, en 1610, el astrónomo Johannes Kepler, en
el apéndice de su obra Dioptrice predijo la existencia de dos satélites en Marte a partir
de un razonamiento basado en la progresión numérica y proporcionalidad con otros dos planetas: la Tierra que
tenía un satélite, la Luna y Júpiter, que en ese momento se creía tenía cuatro
(descubiertos en 1610 por Galileo), por lo que pensó que a Marte le
correspondían dos satélites.
En honor a Kepler, un cráter lunar también lleva su nombre.
Aunque se pueda pensar que tanto Swift como Voltaire pudieron basarse en la predicción de Kepler, no hay pruebas directas de que lo hicieran. La relación es plausible por contexto intelectual, pero no demostrable documentalmente.
La predicción de Kepler era conocida en círculos cultos y pudo llegarles indirectamente a través de divulgadores, conversaciones o textos secundarios, por lo que la exactitud de las distancias y periodos orbitales que da Swift es demasiado alta para ser simple azar, lo que ha alimentado la hipótesis.
En el caso de Voltaire, la influencia de Kepler es aún más probable, porque Voltaire tenía formación científica sólida y leía a los grandes astrónomos, estando en contacto con la ciencia newtoniana y con círculos ilustrados donde la predicción de Kepler era conocida. Su mención es menos técnica que la de Swift, pero más claramente alineada con la tradición científica previa.
¿Y
porque Swift y Voltaire no citan fuentes? porque la predicción de Kepler no era
un dogma científico sino una especulación matemática. Circulaba como
curiosidad, no como teoría formal, por eso pudo difundirse oralmente o en
textos menores hoy perdidos.

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