Estamos de nuevo ante un nuevo libro, “Querido librero” donde
el libro cobra protagonismo y de cómo tienen la capacidad para cambiarnos la
vida destacando igualmente el papel fundamental que ocupan las librerías y el
oficio de librero. Novela publicada en 2025 y escrita por José Luis Romero, que
intercala la narración con la correspondencia que nos lleva a nuestros recuerdos
más íntimos.
Me ha recordado a la obra de Helene Hanff “84, Charing
Cross Road” que vincula la lectura con la afectividad. El autor, con un
lenguaje sensible escribe una historia en la que la literatura no solo es un medio
de comunicación, sino que impulsa las emociones.
Aline, la protagonista principal, junto a Alberto (el
librero) y Helena (hija de Alberto), es una joven actriz que vive en París, que
decide escribir a una librería de viejo situada en Córdoba, Andalucía,
recomendada por su padre, amigo del librero y que vive cerca de ella. Busca obras
de Federico García Lorca para adaptarlas a una obra teatral.
La carta llega al librero, Alberto, un apasionado por los
libros, quien responde e inicia con ella un intercambio epistolar. Con el
tiempo, este intercambio trasciende el interés literario para convertirse en
una historia de amor que desafía el tiempo y la distancia.
Décadas después, Helena, que vive con su padre junto a su marido
y su bebe, se dirige al dormitorio de Alberto para darle los buenos días; descubre
que no está y aunque extrañada, aprovecha la ocasión para ordenar sus cajones. Al
abrir uno de ellos, encuentra un manojo de cartas escondidas en el fondo y
llevada por la curiosidad, comienza a leerlas inmediatamente. Este hallazgo la empuja
a recomponer un pasado que desconocía enfrentándose a un secreto familiar, callado
durante años, que divide, de manera paralela, en dos: la de Aline y Alberto, y
la de Helena, que busca comprender en ellas sus orígenes y el legado emocional
que ello implica.
La alternancia entre las cartas y la narración de Helena se
complementan. El autor demuestra un gran dominio del lenguaje, sus diálogos transmiten
autenticidad y una ambientación que, tanto en París como en la librería, están cargadas
de simbolismo: los libros son refugio, los espacios memoria y las palabras
puentes.
Si tuviera que destacar su estructura literaria, lo primero sería la importancia de los libros que, además de fuente de conocimiento y placer, pueden servir de nexo de unión entre las personas, en este caso, para la relación entre los personajes y, por otro lado, las cartas, con su entrañable belleza y medio de expresión duradera e íntima para con la memoria y los recuerdos. Helena, busca en ellas su identidad a través de fragmentos que le descubren secretos familiares y darle un sentido a su vida.
De otro lado, la reciente maternidad de Helena y la
ausencia de su padre, genera en la lectura de las cartas, una tensión emocional
que atraviesa toda la novela, moviéndose entre el silencio y la memoria.
“Querido librero” es un libro que conmueve, una historia que
se toma su tiempo para mostrar, a lo largo de su lectura, que la literatura puede
llegar a ser un espejo de nuestras propias vivencias. Su sinceridad, profundidad
y el formato epistolar, ayuda a potenciar la intimidad del relato.
El autor realiza continuos guiños a grandes figuras
literarias, Gustave Flaubert, Ernest Hemingway, James Joyce, Fitzgerald, Julio
Cortázar, Elena Garro, Bioy Casares, Carmen Martín Gaite o Cela. También
homenajea a los nostálgicos tebeos de la época, como Roberto Alcázar y Pedrín,
El Jabato o El Capitán Trueno, y a poetas como Jorge Guillén.
La novela nos recuerda que los libros no solo contienen
historias, sino que también las provocan; que detrás de cada carta puede
esconderse un universo emocional y que el pasado, por más oculto que esté,
siempre encuentra la forma de salir a flote. Es, en definitiva, un canto a la
palabra escrita, al amor que reta al tiempo y a los vínculos que sobreviven.
Editorial: Plata editores
Publicación: 2025
Páginas: 224

No hay comentarios:
Publicar un comentario