Es la tercera
vez que leo esta novela a lo largo de muchos años, una novela apasionante para
quienes nos entusiasma la ciencia ficción. Durante estos años he tenido la
suerte de complementarla con la visión de dos adaptaciones cinematográficas y
una serie de televisión, de las muchas que se han realizado.
La adaptación
radiofónica de Orson
Welles no la incluyo porque se emitió mucho antes de mi nacimiento, se
emitió en el año 1938 en la noche del 30 de octubre, en la cadena CBS,
dentro del programa The Mercury Theatre on the Air. Esa fecha quedó grabada en
la historia de los medios por el impacto real que tuvo la emisión.
«La guerra de
los mundos» (1898), más de un siglo después de su publicación, no ha perdido
fuerza y no solo consolidó la ciencia ficción moderna, continúa siendo un
espejo de la sociedad victoriana, de sus miedos, sus certezas y sus
contradicciones, es una obra que combina la aventura apocalíptica con una
reflexión amarga sobre el progreso, la fragilidad humana y su violencia
intrínseca. Se ordena como una crónica casi periodística de la llegada de los
marcianos a la Tierra y de la devastación que provocan.
La escritura
de H.G.
Wells adopta un tono sobrio, casi científico, que contrasta con la
magnitud del desastre. Esa elección de estilo no es casual: el autor busca que
el lector sienta que lo imposible puede irrumpir en lo cotidiano sin previo
aviso, la Inglaterra que describe es un país seguro de sí mismo, convencido de
su superioridad tecnológica y moral, precisamente por eso, el choque con una
civilización infinitamente más avanzada resulta tan devastador.
Conforma
avanzamos en la lectura, la capacidad del autor para crear imágenes es
sorprendente, quedan fijadas en nuestra memoria, como por ejemplo
los trípodes marcianos y su rayo devastador. Los artilugios
marcianos que combinan lo mecánico con lo orgánico, lo racional con lo
monstruoso, no son simples armas: son símbolos del poder absoluto y de una
guerra industrializada que el siglo XX que anticipa los horrores de las guerras
mundiales, décadas antes de que ocurrieran.
Aunque la
novela es famosa por su iconografía marciana, se centra en el carácter humano,
retrata las reacciones ante una catástrofe como el pánico, la solidaridad, el
egoísmo, la locura y la resignación, retratados perfectamente en personajes
como el artillero o el clérigo.
El narrador, es
un mero observador lúcido, no es un héroe y da un grado de verisimilitud a la
trama, la novela nos recuerda que ninguna civilización es invulnerable, que el
progreso no garantiza la supervivencia y que la historia puede cambiar en un
instante, es una reflexión sobre la fragilidad humana y un alarde de
imaginación científica.
Si comparamos
la novela de H.G. Wells y la adaptación radiofónica de Orson Welles, la
primera, veremos que se trata de un texto narrativo, reflexivo y bien
estructurado, utiliza un narrador en primera persona que reflexiona, describe y
analiza con un tono casi científico.
La versión
radiofónica de Orson Welles es una puesta en escena, busca la inmediatez, es un
suceso de la invasión marciana en que parece estar ocurriendo en tiempo real,
emplea boletines de emergencia, entrevistas improvisadas, conexiones en
directo, cortes musicales interrumpidos, y un ritmo frenético que provocó, al
menos en parte del público, pánico auténtico.
La novela de
H.G. Wells y la adaptación radiofónica de Orson Welles son dos obras que
comparten argumento, pero no propósito. La primera es una reflexión literaria
sobre la humanidad y su fragilidad; la segunda, un experimento narrativo que
explora el poder de los medios y la sugestión colectiva.
Título: La Guerra de los Mundos
Autor: H.G. Wells
Traductor: Julio Vacarezza
Editorial: Debolsillo
Publicado: 2010
Páginas: 216

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